¿Qué es la contaminación de internet?
La contaminación de internet —o contaminación digital— es el conjunto de impactos ambientales generados por las tecnologías digitales: fabricación de dispositivos, funcionamiento de los centros de datos y de las redes. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el sector digital es responsable de entre el 1,5 % y el 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Debido a su apariencia inmaterial, internet suele percibirse como una herramienta sin impacto directo sobre el medio ambiente. En realidad, cada búsqueda, cada vídeo y cada mensaje moviliza una infraestructura muy física: miles de centros de datos, más de un millón de kilómetros de cables submarinos, antenas de telefonía móvil y los miles de millones de teléfonos, ordenadores y televisores desde los que nos conectamos. Toda esa cadena consume electricidad, agua, metales y energía de fabricación, y deja una huella de carbono nada despreciable.
La contaminación digital tiene tres fuentes principales:
- La fabricación y el uso de los dispositivos (teléfonos, ordenadores, televisores, objetos conectados);
- El funcionamiento de los centros de datos que almacenan y procesan la información;
- Las redes de telecomunicaciones que transportan los datos (cables, fibra, antenas 4G y 5G).
¿Por qué contamina internet? Las tres fuentes
Los dispositivos: la mayor parte de la huella
Contra lo que se suele pensar, lo que más contamina de internet no son los servidores, sino los aparatos con los que nos conectamos. En Francia, uno de los pocos países que mide esta huella en detalle, los dispositivos representan alrededor del 50 % de la huella de carbono del sector digital, y la mayor parte de ese impacto se produce en la fase de fabricación, no durante el uso, según la actualización 2025 del estudio ADEME-Arcep.
Fabricar un teléfono o un ordenador exige extraer y transformar decenas de materias primas: metales comunes, tierras raras y minerales como el tantalio o el tungsteno, cuya extracción alimenta conflictos armados en algunas regiones —de ahí el nombre de «minerales de sangre»—. A la mochila ecológica de la extracción se suman el ensamblaje, a menudo en países con electricidad muy intensiva en carbón, y el transporte hasta el consumidor.
El final de vida tampoco es inocuo: el mundo generó 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022 y solo el 22,3 % se recogió y recicló de forma documentada, según el Global E-waste Monitor 2024 de la ONU. Al ritmo actual, la cifra alcanzará los 82 millones de toneladas en 2030.
Los centros de datos: electricidad y agua
Los centros de datos son las «fábricas» de internet: edificios que albergan miles de servidores funcionando 24 horas al día. Según el informe Energy and AI de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, 2025), consumieron 415 TWh de electricidad en 2024, aproximadamente el 1,5 % del consumo eléctrico mundial, y su consumo crece un 12 % al año desde 2017, cuatro veces más rápido que el consumo eléctrico total.
Además de electricidad para los servidores, los centros de datos necesitan refrigeración constante, que consume energía y, en muchos casos, grandes volúmenes de agua. Por eso los gigantes tecnológicos instalan parte de sus servidores en países fríos o cerca de centrales hidroeléctricas, y firman contratos de compra de energías renovables para alimentar sus instalaciones. El directorio Data Center Map tiene registrados miles de centros de datos repartidos por más de un centenar de países.
La presión ciudadana también ha contado: desde 2010, campañas como Clicking Clean de Greenpeace empujaron a los grandes actores de la web a comprometerse con el 100 % de electricidad renovable en sus centros de datos.
Las redes que transportan los datos
Cables submarinos, fibra óptica, antenas 4G y 5G, routers domésticos… Las redes son la parte menos visible y también la menos contaminante del sistema: en el estudio ADEME-Arcep representan una fracción minoritaria de la huella digital, muy por detrás de dispositivos y centros de datos. Un matiz útil para el día a día: transmitir un dato por red móvil (4G/5G) consume más energía que por wifi o fibra, por lo que descargar contenidos pesados conviene hacerlo conectado al wifi.
La contaminación de internet en cifras (2026)
Esta tabla resume las cifras clave verificadas sobre la contaminación digital, con su fuente y su año de referencia:
| Indicador | Dato | Fuente |
|---|---|---|
| Emisiones del sector digital | 1,5-4 % de los gases de efecto invernadero mundiales | UIT / Banco Mundial |
| Electricidad de los centros de datos (2024) | 415 TWh (≈1,5 % del consumo mundial) | AIE, Energy and AI (2025) |
| Proyección para 2030 (impulso de la IA) | ≈945 TWh, más del doble que en 2024 | AIE, Energy and AI (2025) |
| Peso de los dispositivos en la huella digital | ≈50 % (fabricación como fase dominante) | ADEME-Arcep, Francia (2025) |
| Una hora de vídeo en streaming | ≈36 g de CO2 (media mundial) | AIE (análisis corregido, 2020) |
| Una consulta media a ChatGPT | ≈0,3 Wh de electricidad | Epoch AI / OpenAI (2025) |
| Basura electrónica generada (2022) | 62 Mt, solo el 22,3 % reciclada | Global E-waste Monitor 2024 (ONU) |
Dos lecturas se desprenden de estos datos. Primera: la huella de internet ya es comparable a la de sectores enteros de la economía y va a crecer con fuerza esta década. Segunda: el grueso del problema está en la fabricación de los aparatos y en la infraestructura, no en los pequeños gestos individuales como borrar correos, cuyo efecto real es marginal.
El impacto de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial es el gran acelerador de la contaminación digital. La AIE calcula que, impulsado sobre todo por la IA, el consumo eléctrico de los centros de datos superará los 945 TWh en 2030 —algo más que todo el consumo eléctrico actual de Japón— y rondará los 1.200 TWh en 2035. Estados Unidos concentra hoy el 45 % de ese consumo, seguido de China (25 %) y Europa (15 %).
A escala individual, las cifras son más modestas de lo que sugieren algunos titulares: una consulta media a ChatGPT consume unos 0,3 Wh de electricidad, según el instituto Epoch AI, y OpenAI declaró en 2025 una media de 0,34 Wh y 0,32 ml de agua por consulta. Es diez veces menos que las estimaciones que circulaban con los modelos de 2023, gracias a chips y modelos más eficientes.
El problema no es la consulta individual, sino la escala y el entrenamiento: miles de millones de consultas diarias, modelos cada vez más grandes cuyo entrenamiento no está incluido en esas cifras, y una carrera por construir centros de datos que tensiona las redes eléctricas y el consumo de agua de regiones enteras. La propia AIE advierte de que en torno al 20 % de los proyectos de centros de datos previstos podría retrasarse por falta de capacidad en la red eléctrica.
¿Cuánto contaminan el streaming, las redes sociales y el correo?
El vídeo en streaming representa la mayor parte del tráfico mundial de datos, así que es lógico preguntarse por su huella. Durante años circuló la idea de que ver media hora de Netflix equivalía a conducir varios kilómetros: esa estimación, publicada en 2019, fue corregida por sus propios autores y desmentida por la AIE. Según el análisis de la Agencia Internacional de la Energía, una hora de vídeo en streaming emite de media unos 36 g de CO2, unas 25 veces menos de lo que afirmaban aquellos titulares.
Esa huella relativamente baja se explica por la rápida mejora de la eficiencia energética de centros de datos, redes y dispositivos. La cifra exacta depende, eso sí, del mix eléctrico de tu país, de la resolución del vídeo y, sobre todo, de la pantalla utilizada: ver una serie en un televisor grande de 4K consume mucho más que verla en un teléfono. Con las redes sociales ocurre lo mismo: su impacto individual es pequeño, pero la reproducción automática de vídeos en alta definición multiplica el tráfico sin que lo decidamos.
¿Cómo reducir tu huella digital? 6 gestos por orden de impacto
No todos los ecogestos digitales valen lo mismo. Estos seis están ordenados de mayor a menor impacto real, empezando por el que de verdad marca la diferencia:
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1
Alarga la vida de tus dispositivos. Como la fabricación concentra la mayor parte de la huella, pasar de cambiar de móvil cada 2 años a hacerlo cada 4 es el gesto digital más eficaz. Protege tus aparatos, cambia la batería y repara antes de sustituir.
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2
Compra reacondicionado o de segunda mano. Un teléfono reacondicionado evita la fabricación de uno nuevo y suele costar bastante menos. Es la versión digital del consumo responsable y encaja con la filosofía low-tech.
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3
Recicla tus aparatos al final de su vida. Solo el 22,3 % de la basura electrónica mundial se recicla correctamente. Lleva tus dispositivos a un punto limpio o a la tienda: el reciclaje recupera metales valiosos y evita contaminaciones tóxicas.
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4
Ajusta tu consumo de vídeo e IA. Desactiva la reproducción automática, baja la resolución cuando la pantalla es pequeña, descarga con wifi en lugar de 4G/5G y usa la IA para lo que aporta valor, no como buscador por defecto.
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5
Reduce el consumo eléctrico en casa. Apaga el router cuando te vayas de vacaciones, evita dejar aparatos en standby y aplica nuestros consejos para ahorrar en la factura de la luz. Contratar una tarifa de energía verde descarboniza además todo tu consumo, incluido el digital.
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6
Mide tu huella para tomar conciencia. La extensión gratuita Carbonalyser, de la asociación The Shift Project, traduce tu navegación en consumo eléctrico y emisiones de CO2. Y para el resto de tu estilo de vida, calcula tu huella ecológica.
Más allá de los gestos técnicos, la vía más profunda es cuestionar la acumulación de pantallas y suscripciones: el minimalismo aplicado a lo digital —menos dispositivos, mejor usados y durante más tiempo— es la estrategia que más reduce la huella.
Descubre más guías medioambientales para entender mejor tu impacto ecológico y reducir tu huella de carbono.
Preguntas frecuentes sobre la contaminación digital
El sector digital (dispositivos, centros de datos y redes) emite entre el 1,5% y el 4% de los gases de efecto invernadero mundiales, según la UIT y el Banco Mundial. Los centros de datos consumieron 415 TWh de electricidad en 2024, alrededor del 1,5% del consumo eléctrico mundial, y la AIE prevé que esa cifra se duplique con creces para 2030 por el auge de la inteligencia artificial.
La fabricación de los dispositivos (teléfonos, ordenadores, televisores) es la mayor fuente de contaminación digital: en Francia representa cerca de la mitad de la huella de carbono del sector, según el estudio ADEME-Arcep. Por eso el gesto más eficaz no es borrar correos, sino alargar la vida útil de tus aparatos y comprar reacondicionado.
Muy poco. Las cifras alarmistas sobre el CO2 de los correos datan de 2010 y fueron revisadas a la baja por su propio autor. Un estudio de 2022 calculó que borrar 1.000 correos ahorra unos 5 g de CO2, menos de lo que emite tu ordenador mientras los borras. Ordenar el buzón está bien, pero las palancas reales son la duración de los dispositivos y el reciclaje electrónico.
Alrededor de 36 g de CO2 de media mundial, según el análisis corregido de la Agencia Internacional de la Energía. Las comparaciones antiguas con kilómetros en coche se basaban en un estudio de 2019 que sobreestimaba el dato y que fue rectificado. La huella real depende sobre todo de la pantalla utilizada y del mix eléctrico de tu país.
Una consulta media consume alrededor de 0,3 Wh de electricidad según Epoch AI; OpenAI declaró en 2025 una media de 0,34 Wh y 0,32 ml de agua por consulta. Es un impacto individual pequeño, pero multiplicado por miles de millones de consultas diarias —y sumado al entrenamiento de los modelos— convierte a la IA en el principal motor del crecimiento del consumo eléctrico de los centros de datos.