¿Qué es la desertificación?
La desertificación es la degradación de las tierras en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, causada por las actividades humanas y las variaciones climáticas, según la definición de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD, 1994). No es la expansión natural de los desiertos, sino la pérdida de productividad biológica y económica de tierras que antes eran fértiles.
Su magnitud es enorme: la ONU estima que hasta el 40 % de las tierras del planeta ya están degradadas y que cada año se degradan otros 100 millones de hectáreas de tierra sana y productiva, una superficie mayor que la de Egipto. La degradación de las tierras perjudica directamente a unos 3 200 millones de personas, alrededor del 40 % de la población mundial, sobre todo comunidades rurales, pequeños agricultores y personas en situación de pobreza.
Tampoco hay que confundirla con la sequía, que es una insuficiencia temporal de agua durante un periodo prolongado. La sequía es un fenómeno puntual o cíclico; la desertificación es un proceso de degradación duradero. Eso sí, se retroalimentan: las sequías recurrentes aceleran la desertificación, y los suelos degradados resisten peor las sequías.
Causas de la desertificación
Aunque intervienen factores naturales, la mayor parte de la desertificación actual es imputable al ser humano. Cuatro grandes motores explican la degradación de las tierras secas: la sobreexplotación de los suelos, la deforestación, una agricultura intensiva mal gestionada y el cambio climático.
Sobreexplotación y sobrepastoreo
El sobrepastoreo del ganado es una de las causas directas más extendidas: cuando demasiados animales pastan en una misma superficie, la vegetación no tiene tiempo de regenerarse, el suelo queda desnudo y el viento y la lluvia lo erosionan. A ello se suma la sobreexplotación de la tierra: cultivos continuos sin barbecho que agotan los nutrientes, extracción de leña que elimina la cubierta vegetal y actividades como la minería, que destruyen el suelo de forma directa.
Deforestación
Los árboles fijan el suelo con sus raíces, lo enriquecen con materia orgánica y retienen la humedad. La deforestación rompe ese equilibrio: sin cubierta forestal, la tierra queda expuesta a la erosión, pierde fertilidad y puede acabar convertida en un terreno árido. Es una de las vías más rápidas hacia la desertificación, especialmente en las zonas tropicales secas.
Agricultura intensiva y riego mal gestionado
La agricultura intensiva degrada el suelo cuando no respeta sus ritmos: monocultivos que empobrecen la tierra, maquinaria pesada que la compacta y ausencia de rotaciones. El riego mal gestionado es especialmente dañino en las zonas secas: el bombeo excesivo agota la capa freática y el riego con drenaje insuficiente provoca la salinización de los suelos, que los vuelve improductivos. La agricultura ecológica y el riego eficiente son la alternativa sostenible.
Cambio climático
El calentamiento global, consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero, multiplica los fenómenos climáticos extremos que aceleran la desertificación: sequías más largas y frecuentes, olas de calor, lluvias torrenciales que arrastran el suelo desnudo y mayor evaporación del agua disponible. En su informe especial de 2019 sobre cambio climático y tierra, el IPCC recordó el papel esencial de la tierra en el sistema climático: los suelos degradados almacenan menos carbono, lo que a su vez agrava el calentamiento. Es un círculo vicioso.
Consecuencias de la desertificación
Más de 2 000 millones de personas viven en las tierras secas del planeta y dependen de sus ecosistemas. Cuando esas tierras se degradan, los efectos se encadenan sobre la alimentación, el agua, las migraciones, la biodiversidad y la salud.
Inseguridad alimentaria y pobreza
La tierra degradada produce menos: según la CNULD, los 12 millones de hectáreas que se pierden cada año solo por desertificación y sequía equivalen a la oportunidad perdida de producir 20 millones de toneladas de grano. El resultado es más hambre, más pobreza rural y precios de los alimentos más volátiles, justo en las regiones más vulnerables.
Escasez de agua
Un suelo sano actúa como una esponja que absorbe la lluvia y recarga los acuíferos. Un suelo desertificado, en cambio, deja correr el agua sin retenerla. La desertificación agrava así la escasez hídrica: menos agua para beber, para regar y para el ganado, y acuíferos cada vez más salinizados y agotados.
Migraciones forzadas
Cuando la tierra deja de dar sustento, la población emigra. La CNULD estima que 135 millones de personas podrían verse desplazadas de aquí a 2045 a causa de la desertificación. Estas migraciones generan además tensiones geopolíticas y conflictos por los recursos (agua, pastos, tierras cultivables), como ya ocurre en el Sahel.
Pérdida de biodiversidad y de carbono
Las tierras secas albergan ecosistemas únicos adaptados a la aridez. Su degradación destruye hábitats y empuja a muchas especies a la extinción. Además, los suelos degradados liberan el carbono que almacenaban y pierden capacidad de capturarlo, lo que alimenta el calentamiento global y cierra el círculo vicioso entre desertificación y cambio climático.
Tormentas de arena y polvo
Los suelos desnudos y degradados son la principal fuente de las tormentas de arena y polvo: la ONU estima que cada año entran en la atmósfera unos 2 000 millones de toneladas de arena y polvo. Estas tormentas dañan cultivos e infraestructuras y provocan problemas respiratorios y cardiovasculares a miles de kilómetros de su origen.
¿Dónde ocurre la desertificación?
Las tierras secas cubren en torno al 40 % de la superficie terrestre, por lo que la desertificación afecta a más de 100 países de todos los continentes: África, Asia, Oceanía, América y también Europa. Estos son los casos más relevantes para el mundo hispanohablante.
La desertificación en México
México es uno de los países de América Latina más expuestos a la desertificación. Según la SEMARNAT, el 65 % del territorio nacional son tierras secas (unos 125,3 millones de hectáreas) y todas presentan algún grado de degradación. En conjunto, la degradación de suelos afecta a cerca del 45 % del país, sobre todo por degradación química y erosión hídrica y eólica, ligadas al sobrepastoreo, al cambio de uso de suelo y a las prácticas agrícolas inadecuadas.
| Tipo de zona | Superficie del territorio nacional |
|---|---|
| Zonas semiáridas | 34,7 % |
| Zonas áridas | 18,9 % |
| Zonas subhúmedas secas | 10,8 % |
| Zonas hiperáridas | 0,7 % |
Desde 2005, la CONAFOR es el punto focal de la CNULD en México y coordina el Sistema Nacional de Lucha contra la Desertificación. Las sequías recurrentes en el norte y el centro del país, el agotamiento de acuíferos y la presión ganadera sobre los agostaderos hacen de la restauración de suelos una prioridad nacional: se estima que unos 48 millones de mexicanos viven en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas y sufren las consecuencias de la sequía.
La desertificación en España
España es el país de Europa con mayor riesgo de desertificación: según el MITECO, en torno a tres cuartas partes del territorio pertenecen a zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas susceptibles de desertificación. Para combatirla, el Gobierno aprobó en 2022 la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación, que actualiza el Programa de Acción Nacional de 2008.
Varios factores agravan el proceso en España:
- clima semiárido en grandes zonas, con sequías estacionales y lluvias torrenciales que erosionan el suelo;
- incendios forestales repetidos que destruyen la cubierta vegetal;
- abandono de la agricultura tradicional y deterioro de las estructuras de conservación del suelo y del agua;
- sobreexplotación de los acuíferos, con salinización y contaminación de las aguas subterráneas;
- presión urbanística, turística y agrícola concentrada en el litoral y en los regadíos intensivos.
El Sahel y África
La región del Sahel, la franja semiárida al sur del Sahara, es el símbolo mundial de la desertificación: la combinación de sequías extremas, crecimiento demográfico, sobrepastoreo y tala de leña ha degradado millones de hectáreas y alimenta crisis alimentarias y conflictos. Se calcula que el 45 % de la superficie de África son tierras secas expuestas a la degradación. Para revertirla, 22 países africanos impulsan la Gran Muralla Verde, de la que hablamos más abajo.
Otras regiones afectadas
La desertificación golpea también a China (donde el desierto de Gobi avanza sobre tierras de cultivo y el Gobierno planta cinturones forestales desde los años 70), a Australia, a Asia Central (el mar de Aral es el ejemplo extremo de riego mal gestionado), a Oriente Medio y a buena parte de América Latina, de los Andes al nordeste de Brasil, primera zona árida de ese país reconocida oficialmente en proceso de desertificación.
Los datos de la ONU: la CNULD y la COP16
La lucha internacional se articula en torno a la CNULD, adoptada en 1994 y ratificada por 197 partes. Su hoja de ruta se resume en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15, que fija la meta de la neutralidad en la degradación de las tierras para 2030.
Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras, detener la pérdida de biodiversidad. - Objetivo 15: Vida de ecosistemas terrestres
La COP16 de la CNULD, celebrada en Riad (Arabia Saudí) en diciembre de 2024, fue la mayor conferencia de la ONU sobre la tierra hasta la fecha. Sus cifras marcan la agenda: la ONU calcula que hacen falta 2,6 billones de dólares de inversión hasta 2030 —unos 1 000 millones de dólares al día— para restaurar más de 1 000 millones de hectáreas degradadas y ganar resiliencia frente a la sequía. En Riad se movilizaron además 12 150 millones de dólares para la Alianza de Riad para la Resiliencia a la Sequía, destinada a los 80 países más vulnerables. La creación de un régimen mundial de respuesta a la sequía quedó pendiente para la COP17 de Mongolia, en agosto de 2026.
Cada 17 de junio la ONU celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. La edición de 2026, acogida por Kenia, se dedica a los pastizales bajo el lema «Pastizales: Reconocer. Respetar. Restaurar», coincidiendo con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.
¿Cómo frenar la desertificación?
La desertificación es reversible si se actúa a tiempo. Las soluciones combinan la prevención (usar la tierra sin agotarla) con la restauración de las tierras ya degradadas, y son de las inversiones climáticas más rentables: cada dólar invertido en restaurar tierras genera varios dólares en beneficios ecosistémicos y agrícolas.
Prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles
La primera línea de defensa es gestionar mejor la tierra que aún es productiva:
- rotación de cultivos y barbecho para que el suelo se regenere;
- ajuste de la carga ganadera y pastoreo rotativo contra el sobrepastoreo;
- riego eficiente (goteo, reutilización) que evite la salinización y el agotamiento de los acuíferos;
- agrosilvicultura: integrar árboles en cultivos y pastos para fijar el suelo y dar sombra;
- desarrollo de las energías renovables (solar, eólica y biogás) para sustituir la leña como combustible;
- participación y educación de las poblaciones locales, que son quienes gestionan la tierra a diario.
Reforestación y restauración de tierras
Restaurar una tierra degradada va más allá de plantar árboles: implica recuperar el ecosistema con especies autóctonas adaptadas a la aridez, reconstruir terrazas y estructuras de retención de agua y proteger la regeneración natural. En España, asociaciones como Reforesta trabajan en la conservación y restauración de la masa forestal; a escala global, es posible contribuir compensando la huella de carbono a través de proyectos de energía limpia y restauración en países en desarrollo.
La Gran Muralla Verde de África
La Gran Muralla Verde es la iniciativa de restauración más ambiciosa del mundo: un mosaico de paisajes restaurados de unos 8 000 km de Senegal a Yibuti, a través del Sahel. Su objetivo para 2030 es restaurar 100 millones de hectáreas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos verdes. El avance es real pero insuficiente: se han restaurado del orden de 18 a 30 millones de hectáreas según las estimaciones, lejos aún del ritmo necesario, y en la COP16 se movilizaron nuevos fondos para acelerar su despliegue en los 22 países participantes.
La neutralidad en la degradación de las tierras (LDN)
La neutralidad en la degradación de las tierras (LDN, por sus siglas en inglés) es el marco que guía a los países: para 2030, cada hectárea que se degrade debe compensarse restaurando una superficie equivalente, de modo que el balance neto de tierra sana no disminuya. Más de 130 países se han fijado ya metas nacionales de LDN ante la CNULD. Es la pieza que conecta la lucha contra la desertificación con el desarrollo sostenible y con la acción climática.
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